Reportaje al Dr. Fernando Monckeberg Barros

Reportaje al Dr. Fernando Monckeberg Barros

 

El autor del llamado ‘Milagro chileno’ emitió su opinión luego de terminada la conferencia de prensa que ofreció al periodismo en la Academia Nacional de Educación en la que respondió preguntas sobre el duro flagelo de la ‘desnutrición infantil’. El pediatra trasandino, fundador de Conin Chile, y vicepresidente de Conin Argentina, logró derrotar la desnutrición infantil en el vecino país, luego de treinta años de labor. Por la tarde, ofreció una conferenecia para todo público, con entrada libre y gratuita, sobre ‘Desnutrición Infantil’, en el Colegio San Pablo de la ciudad de Buenos Aires.

 

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6 de septiembre: ‘Entrevista al Dr Abel Albino’

6 de septiembre de 2016

Programa: ‘Perfiles y Referentes’                                                                                                ‘Entrevista al Dr Abel Albino’ –  Médico pediatra                                                                       Fundador y presidente de Conin – Cooperadoras de Nutrición Infantil                                 -Audio del programa-

 

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Dr Abel Albino
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Guillermo Balbi – Dr Abel Albino

 

 

 

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El doctor Abel Albino con el equipo de ‘Perfiles y Referentes’ – De izq a der: Roberto Libonatti (Productor) – Guillermo Balbi (Conductor) – Dr Abel Albino – Guido Labonia (Locutor)
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Durante la primer parte de la entrevista – Hora 13.24 minutos-

 

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Momento de la comunicación telefónica con el doctor Avelino Porto. Hora 13, 48 minutos-

 


* Nota de autor: Agradezco al doctor Abel Albino la gentileza de haber aceptado esta entrevista y la cordialidad y generosidad expuestas en la colaboración de su desarrollo. GDB.- 

‘Prócer nuestro, que vives en los corazones…’

‘Homenaje a Favaloro’ en 141 murales de ciudades de  todas las provincias de Argentina, Capital Federal y Brasil en julio de 2016                                                        

                   PRÓCER NUESTRO, QUE VIVES EN LOS CORAZONES…’

Entrevista a María Loreto Mantel:                                                                                                                          ‘La involuntaria intérprete de un sentimiento universal’      

María Loreto Mantel
María Loreto Mantel

       Propuso realizar un mural de corazones en mosaico como ‘tributo ciudadano’ a Favaloro. Aún no sabía que su idea sería replicada en distintas ciudades de Argentina y en Santa Catarina, Brasil, ni que le enviarían corazones elaborados desde Uruguay, Brasil, México  y Alemania, en apoyo y como adhesión a su obra.

  

HOMENAJE a FAVALORO
En ‘Homenaje a Favaloro’

         Las inconfundibles señales del otoño dejan su huella  y tapizan con hojas amarillas las veredas de la ciudad, que engalanadas, parecen responder al capricho de los remolinos de viento, que con su traza juegan con la observación del transeúnte y su imaginación. Bajo un tibio sol, y casi hasta con mansedumbre, transcurre  una tranquila tarde de sábado, que invita a la charla y a la reflexión.                 María Loreto Mantel es analista de sistemas. Con una marcada inclinación por el arte, en su adolescencia, le dedicó tiempo a la pintura, que hace ya bastante retomó, y además de hacer fotografía, hace dos años incursionó en mosaiquismo, como un canal más de expresión.                                                                                                                 Acompañada por Héctor, su marido, se predispone a contar la génesis de la que considera ‘una simple idea’, la difusión que cobró y hasta su sorpresa por los alcances. Se esfuerza en repetir que no desea notoriedad, que solo hizo una propuesta en un foro, ante sus colegas, sin poder dimensionar la revolución que su iniciativa iba a generar, que transcendería lo nacional. La masividad de las respuestas la dejarían atónita y en el centro de la escena.

p: ¿Qué es el mosaiquismo ?                                                                                                                            ML: Es el arte de reunir y pegar fragmentos de distintos materiales para componer una obra, de libre expresión. Es como el vitraux, pero a diferencia de trabajar en vidrio, los materiales tienen distinta y variada procedencia. Pegar fragmentos sobre madera, cemento, mármol. Se puede apreciar mucho en las plazas, en aquellas de origen español, que los bancos y las fuentes están hechas así. Ese es el mosaiquismo original. En Mendoza, la Plaza España tiene sus bancos e incluso una fuente tipo aljibe elaborados de esa forma. “Hay espejos con marcos hechos en mosaquismo” -acota Héctor, su marido-, quien por su parte, empezó con la técnica del vitraux hace 4 años. 

p: ¿Cómo nació el mosaiquismo en vos?                                                                                                     ML: Desde chica me dediqué a la pintura. Luego abandoné, por la facultad y variados compromisos. Hace alrededor de quince años la retomé, pero con otro tipo de técnicas: óleo, acrílicos, acuarelas, y pinté mucho. Cuadros para mí, para mi hija, otros para regalar. Hace dos años decidí aprender la técnica del mosaiquismo. Viví un tiempo en Francia y siempre me gustó ver esa disciplina. Visitaba España que es la cuna de esa expresión. Busqué tomar algún curso que me enseñara la base. Practicaba en casa con distintos objetos. Se trabaja con diversos materiales: madera, cerámicos, vidrios, azulejos, gemas, e incluso fragmentos de vajilla.

  CORAZONES - SANTA FE -1- _n  CORAZONES - SANTA FE - _n                 Corazones que se elaboran en algunas provincias de Argentina, a los que se suman los enviados desde Uruguay, Brasil, México y Alemania para el homenaje                                                                                                                                                                                p: ¿Qué trabajo hiciste en esta disciplina?                                                                                                ML: Cuando comencé con esta nueva técnica me adherí a un foro ‘Mosaiquismo & Trencandis’. Consulté  sobre las formas de desarrollo y presentación de los trabajos. Lo bueno es que no hay otro interés más que el artístico y por ende mucho espíritu de colaborar. Todos se ofrecen a ayudar, responder, e intercambiar información para la realización de obras. Así surgió lo de Mendoza y me decidí a participar. Me llevó una semana de trabajo neto elaborar las piezas que iba a instalar, además de haber recibido algunas de otros colegas para llevar. Fue en noviembre del año pasado, en Chacras de Coria, Luján de Cuyo, Mendoza, que se hizo en memoria a ‘La noche de los lápices rotos’. Allí trabajamos en un mural de alrededor de cincuenta metros de largo, y pegamos lápices en mosaicos. Si bien el acto tenía una referencia política, yo estuve allí por el arte de la obra.

p: ¿Cómo fue que elegiste a René Favaloro como destinatario del homenaje, y por ende de tu obra?                                                                                                                                                      ML: Es que Favaloro es único. Yo no lo conocía, pero sabía cómo era. Mi mamá siempre me hablaba de él. Lo idolatraba. En la casa de ella, en su estudio, había una foto de Don René Favaloro. Hubo una convocatoria que contenía mucho entusiasmo, y me llevó a pensar en realizar un homenaje a alguien que hizo mucho por la humanidad y nunca tuvo su justo reconocimiento. Además estoy cansada de homenajes “políticos”, cuando hay y hubo grandes hombres y mujeres de altísima capacidad humana, que se brindaron por el prójimo sin más intenciones que ayudar a sus semejantes, y tuvieron sensibilidad social anteponiéndose a todo tipo de intereses. Otra de las intenciones que tuve fue transmitir el mensaje a través del arte.

p: Involuntariamente se convierte en un fuerte mensaje social, ¿verdad?                                  ML: Sí. Lo hablo con mi marido. A veces pareciera que perdemos los valores. ‘No perdamos el humanismo’. Esa frase va a figurar en todos los murales que se hagan. Me consultaron por ser la ideóloga, y la sugerí -sonríe-. Por eso es importante mantener la memoria viva, para que sea conocida su historia en las nuevas generaciones.

 p: ¿Cómo realizaste la propuesta?                                                                                                                  ML: Lo publiqué en el foro, dos días antes de fin de año. Propuse hacer un solo mural, ‘el árbol de la vida’, pero con corazones. Luego de las fiestas, al volver de un viaje, cinco días después, no podía creer que tenía más de quinientas respuestas en las que me felicitaban, y se adherían. En contadas semanas recibí más de dos mil mensajes que, de a poco, pude ir respondiendo uno por uno. “Pegó un grito que se escuchó en todo el edificio” -asegura Héctor, mientras sonríe- Él estaba en otro ambiente y corrió preocupado a socorrerla. La encontró con las manos en las mejillas, sin capacidad de reacción, sin poder entender qué ocurría.  “Es muy importante mantener la historia viva. Lo maravilloso de todo esto es que mucha gente que tuvo vinculación con el doctor, por ser su paciente o por haber tenido un familiar que lo fue, le agradece a María Loreto que se pueda expresar un reconocimiento. Los valores que él tenía superaban todo. Es evidente que Favaloro llegó a su decisión por un cúmulo de cosas que le ocurrieron. La voluntad de la gente está por encima de la política. La premisa de mi señora es hacer un homenaje sin ningún vínculo con la política” -agrega-

p: ¿Cuál fue el secreto para lograr tanta participación? ¿Cómo se extendió la propuesta?                                                                                                                                                                 ML: Por el foro. En él participan gente de Argentina, Latinoamérica, España, y países de toda Europa. Comenzaron a llegar adhesiones desde distintas provincias de Argentina, y luego de Uruguay, Brasil, México y Alemania, entre otros. Más allá de que haya lugares donde se realicen homenajes, también existen otras ciudades en que se disponen a realizar corazones y enviarlos para su instalación en Argentina. La gente lo comenzó a compartir a través de Facebook, primero entre mosaiquistas… ¿Es increíble no?  Luego, cada uno lo anunció a sus contactos para que se sumaran, y se ramificó! Al ser una multitud dispuesta a participar, tuvimos que organizarlo por zonas. Se dieron las pautas sobre el diseño, forma, color, tamaño, material. Ellas buscan lugares, paredes, donde poder realizar los murales y rendir nuestro homenaje a través del arte. Cuando encuentran un espacio, cada una pide permiso a su municipalidad, y presenta el proyecto a mi nombre. Yo no tengo taller de mosaiquismo, ni soy profesora, y hace muy poco practico este arte, pero cuando me dedico a esa tarea me olvido del mundo.

p: ¿En algún momento te sentiste abrumada por las dimensiones que tu idea cobró?                                                                                                                                                                           ML: Al principio sí, confieso que me abrumó. Luego, cuando algunos amigos, aficionados al arte, y familiares de pacientes de Favaloro me hicieron llegar su entusiasmo y su apoyo, eso me ayudó. Lo que es verdaderamente impresionante es la cantidad de gente que admira a Favaloro. Bastó mencionar su nombre y los adherentes fueron múltiples desde distintas puntos cardinales. Es un referente argentino por el cual todos tienen respeto y lo recuerdan con amor. A partir de la propuesta, todo se desarrolló muy rápido. Sin disensos. Me llamó la atención la alegría de todos, porque al fin se lo reconozca. Yo nunca dije la idea es mía, sin embargo no generó más que aprobaciones. Las organizadoras proponen mi nombre, y no quiero figurar, no tengo ese perfil. A pesar de que me niego en Puerto Madryn, por ejemplo, van a agregar mi nombre al mural. “Es admirable lo que ella hace -dice Héctor-. Lo vive con responsabilidad social. Siente que es útil con lo que puede aportar. Hace poco sufrió una pérdida familiar. Ni eso la detuvo. Decidió continuar. Hasta contesta los mensajes que recibe. Pasó de la sorpresa inicial a un estado de emoción por el estímulo y reconocimiento de la gente”.

p: ¿Qué sentimientos te generó toda esta revolución?                                                                             ML: Alegría, responsabilidad, y siento mucho orgullo.

p: ¿Qué admirás de Favaloro?                                                                                                                              ML: Era un doctor que ayudaba al prójimo, al necesitado. Su humildad, su humanismo, generosidad, bajo perfil, su don de gente. No le interesaba el dinero. Siento que estamos en deuda con Favaloro. “Quiso volver porque sintió que su país lo necesitaba. Trabajaba para el prójimo, no para sí”, agrega Héctor. “María Loreto no podía imaginar que con su propuesta encendería una chispa que demostró, por su repercusión, que había mucha gente dormida con este tema. Bastó solo una convocatoria, y en pocas semanas se convirtió en lo que es”, concluye.

p: ¿Sos creyente? ¿Te habrá elegido Dios para esta tarea?                                                                      ML: Puede ser -sonríe con timidez-    

        María Loreto no sabía que su propuesta le ofrecería a mucha gente la oportunidad de participar de un acto muy esperado. Con simpleza, humildad y responsabilidad afrontó el desafío. Entendió que era su forma de colaborar. Bajo un cielo que trascenderá las fronteras de Argentina y se extenderá a Latinoamérica el nombre de Favaloro resonará. Acaso, en silencio, una multitud acuñe un rezo laico que repita con memoria, amor y dolor: ‘Prócer nuestro, que vives en los corazones’, y al hacerlo le devuelva su justo lugar.                                                                                                       Al anochecer, la fantasía dibujará sus trazos. Es fácil imaginar a Héctor observar a su mujer con admiración, mientras que ella contemple el cielo. Tal vez, como justo tributo, en un conjuro mágico, y hundida en la emoción, María Loreto, la elegida intérprete de los mensajes del alma, podrá pronunciar aquellas palabras que en años nadie supo expresar: “No fue en vano, doctor. Aquí está su corazón”!!!              Desde una estrella fuertes destellos, como latidos, replicarán como una imaginaria e incansable voz que repite el legado, una vez más: ‘Honestidad, Humanismo, Solidaridad, Solidaridad, Solidaridad’!!!  El guiño cómplice de un último destello más encendido transmitirá un mensaje entre almas. Ella lo entenderá. Quizás la luz del ‘Satélite Favaloro’, con gratitud, le regale su brillo y su sentencia: ‘Un día que el universo jamás olvidará’!!!

                                                                                     Guillermo Daniel Balbi / Periodista 

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141 Murales en todas las provincias argentinas, Capital Federal, y Santa Catarina, Brasil

*Nota de autor: Agradezco a la señora María Loreto Mantel la gentileza de haber aceptado esta entrevista y la cordialidad y generosidad expuestas en la colaboración de su desarrollo. GDB.- 

*Nota de autor: Sea esta nota el más humilde y sentido aporte de -Favaloro ‘Prócer’-, grupo público de Facebook, a la maravillosa iniciativa de la señora María Loreto Mantel y a la Organización de murales de corazones en ‘Homenaje a Favaloro’, cuyas realizadoras ofrecen sus corazones como símbolo de un justo y merecido reconocimiento a uno de los hombres más brillantes que diera la medicina social argentina, cuyos valores morales lo encumbraron más aún como un ejemplo de civismo. Acaso, GRACIAS, a María Loreto Mantel y, en su nombre, a todas y cada una de las personas que participan con su labor en esta gran misión, sea la palabra más adecuada, a hacerles llegar en nombre de todos nosotros.  Favaloro ‘Prócer’, Grupo público de Facebook, a través de GDB /Periodista.-

Entrevista a Carlos Penelas: “Favaloro pudo cambiar la cardiología del mundo, pero no la sociedad de su tiempo”

                                         FAVALORO , y los ‘MOLINOS de VIENTO’

Entrevista a Carlos Penelas:                                                                                                       “Pudo cambiar la cardiología del mundo, pero no la sociedad de su tiempo”

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Carlos Penelas / Foto: Emiliano Penelas    

          En una plomiza tarde invernal que parece sumarse  a la evocación, la memoria repara en una de las fechas más tristes del calendario histórico reciente de los argentinos: miércoles   29 de julio,  se cumplen 15 años del suicidio del emblemático René Favaloro.                                                  Carlos Penelas, poeta y escritor, fue amigo del recordado cardiocirujano, y jefe de prensa de su Fundación. Escribió ‘Diario interior de René Favaloro’, editado en 2003 por Sudamericana.                                                                                                                                                       Corría el año 1978 cuando publicó ‘Conversaciones con Luis Franco’, y semanas más tarde vio por televisión a alguien, aún desconocido, recomendar su lectura, en especial a los jóvenes. Era un cirujano, ‘un tal Favaloro’. Con la alegría de haber sido ponderado por su labor fue al ex Sanatorio Guemes, con la finalidad de hacerle llegar su libro -dedicatoria incluida- a quien lo elogiara. Fue recibido por una secretaria, quien meses después lo llamó para hacerle saber que era invitado por el médico a que tuvieran una charla. Concurrió con gusto. Fue la primea. Aún no sabía que sería su colaborador y que los uniría una relación personal de veintidós años.                                                                                                                                                                            Cuatro años de sincera y profunda amistad e infinidad de horas compartidas, en las que descubrirían semejanzas de espíritu y común admiración por la letra y autores, decidieron que fuera convocado a sumarse  al proyecto de la Fundación. “Creo que me semblanteaba, durante nuestras charlas” -admite-

p: ¿Cómo fue ese primer encuentro?                                                                                                         CP: La primera entrevista fue amigable. Hablamos de cuestiones sociales, familiares, históricas, de literatura. Luego, siempre nos llamábamos para tener un encuentro y le proponía presentarlo a varios escritores, Luis Franco, Juan José Sebreli, Carlos Alberto Brocato, ente otros. Así fue conociendo a algunos de ellos.

p: ¿Por qué aceptó trabajar con él? ¿Qué lo decidió?                                                                       CP: Un día quiso saber mi opinión al respecto del proyecto, de su obra, que aún funcionaba dentro del ex Guemes, pero ya tenía el primer edificio de ‘Investigaciones básicas’ sobre la calle Solís. Me pidió que fuera a verlo. Era un lugar casi vacío. Allí había sólo algunos investigadores, y muy poco personal administrativo. Un médico atendía las ‘Relaciones Públicas’. Le hice ver que sería un área muy necesaria, y profesional. Yo ocupaba ese cargo en una empresa alemana, muy importante en Latinoamérica, con sede en Buenos Aires. Le ofrecí ayudarlo a conformar ese departamento, junto con el de ‘Prensa’. Tiempo después, fui llamado para empezar. Debí renunciar a mi ocupación. Como no había una oficina para que desarrollara mi tarea, Favaloro me dio la llave de su despacho y me dijo que lo utilizara.

p: En la antesala de la oficina del doctor Favaloro había una frase que decía: “He vivido siempre entre la agonía y el deber”. Ya en su despacho, una placa de bronce, en medio de otras tantas, firmada por el prestigioso doctor Dwight Harken, pionero en cirugía cardiovascular en la que se podía leer: “El amor y patriotismo a su tierra hizo que Norteamérica perdiera a uno de los mejores cirujanos del mundo”. ¿Quién era Favaloro? ¿Un idealista,  un soñador, o un patriota sin límites que no fue entendido por su tiempo?                                                              CP: Creo que era todo eso junto. Recuerdo que cuando editamos una revista especial sobre el Instituto de Cardiología me dijo: “Deseo en la tapa, como ilustración, al Quijote”. La idea fue de él, mucha gente la creía  mía. Tenía un perfil de soñador, de idealista, de hecho lo era. En algunos intercambios que teníamos yo le decía: “Doctor, usted parece el poeta y yo el médico”. Era más pragmático que él.

p: ¿Habrá sido usted su contrapunto dialéctico?                                                                                CP: Yo sabía que lo conversado entre nosotros era único. No lo hablaba con nadie. Así, llegábamos también a las discusiones. Nos enojábamos los dos, y a veces nos duraba una semana. Una vez, pasado un mal momento me llamó y me dijo: “Carlos, basta, debemos trabajar” -sonríe, evoca- Tenía un fuerte sentido de Patria como yo no tengo, por provenir de una familia gallega, republicana. Un ejemplo: Cuando se inauguró el Instituto me pidió que reserváramos el espacio de una pared para que, como lo hacían en la Cleveland Clinic de EE.UU, las familias que hicieran donaciones colocaran una placa con su apellido. Jamás se hizo. Otra anécdota; Se hacían almuerzos en los que participábamos y yo le decía: “Doctor:  de acá no va a salir un peso en donaciones. Vienen para conocerlo y decir que almorzaron con usted”. Se enojaba.

p: ¿Cuál era el objetivo final de Favaloro? ¿Proponer un programa sanitario, dar una lección moral, o ambos?                                                                                                                       CP: Siempre entendí que los proyectos de la Fundación eran dos. Crear el instituto más importante de Argentina y Latinoamérica, y que otras instituciones lo tomaran como modelo de ejemplo ético. Favaloro se había formado en La Plata con docentes que tenían una fuerte concepción de ‘República’, con sólido contenido social. Rendían culto a la ética. Siempre estuvimos muy de acuerdo en cuestiones éticas.

p: ¿Él valoraba en usted, su ética?                                                                                                           CP: Sabía que yo venía del anarquismo. Mi padre nos dijo al morir: “Les dejo una biblioteca y una conducta”. Conservo ambas cosas. Tal vez valoraba el hecho de que nunca me interesó tener nada material. Nunca tuve auto. Si él me decía: “Tenés un buen cargo”, yo le respondía, “Sí, pero quizás mañana lave copas en el bar de la esquina”. Yo no me confundía con el cargo. Y eso que tenía el Legajo Nª 22, de la institución.

p: ¿Qué impidió continuar el proyecto? ¿Fue la lucha con el poder establecido?               CP: Creo que fueron varias cosas. Un día le dije: “Se equivocó al volver, doctor”. Lo admitió al final, 20 días antes del desenlace. Se arrepentía de no haber reunido dinero y hacer algo privado, para no tener que depender. Una idea imposible, también. Creo que él quería formar una ‘Cleveland Clinic’ en Argentina, con la diferencia de que allá reciben U$ 100 millones por año, en subsidios. Acá era algo impensable. Además, le hacía ver que el personal de la institución tenía una idiosincrasia nuestra, argentina. Un ejemplo: Me indicó que hiciera leer a todos los aspirantes los diez principios que redactó. Sólo quienes firmaran su conformidad estarían en línea y podrían llenar la planilla. Y yo le respondía: “Doctor: no se olvide de la plusvalía”, con lo que le indicaba que la necesidad tiene cara de hereje.

p: ¿Cómo era considerado Favaloro en el murmullo social?                                                        CP: La gente del pueblo lo adoraba. Recuerdo varias anécdotas de cuando caminábamos juntos por la calle. Se percibía el fuerte fervor que despertaba. Pero en parte del ambiente médico era muy resistido. En ese ámbito en algunas oportunidades era aplaudido, pero se observaba más cortesía que compromiso y consentimiento.

p: El profesor Mainetti, formador de Favaloro, definió a su discípulo con una frase que aún hoy perdura: “Favaloro fue un hombre público envidiado por los poderosos, alabado por los humildes, que no pudo ser capitalizado por la política”. ¿Comparte usted esa definición?                                                                                         CP: A varios políticos, muchos empresarios, y algunos periodistas les costaba entender a Favaloro. La gran mayoría de ellos querían tener una foto con el doctor. Yo nunca tuve una de él en mi despacho.

p: ¿Cuál era la utopía más importante de Don René?                                                                     CP: La docencia y el ejemplo, la educación. Lo preocupaba la estupidez cotidiana. Cuando se decidió a escribir ‘Don Pedro y la educación’,  juntos cotejábamos libros y programas de estudio. Se alarmaba por la decadencia. Yo le decía: “Cambió el mundo. La mente del joven es otra”. En la Fundación sólo dos personas no tenían celular: él y yo. A pesar de eso, armé cuatro congresos internacionales. Otro dato: hicimos un programa con verdaderos referentes culturales. Pudimos editar dos o tres libros, nada más. Uno sobre el aspecto literario junto con la medicina. Cada uno de los convocados explicaba cómo veía el mundo actual a través de la literatura, el arte, la ciencia. No se vendían ejemplares. Había que aceptarlo, el sistema es así. Es obvio que debiera cambiar, pero no lo puede hacer sólo un hombre. Siempre dije que él “Pudo cambiar la cardiología del mundo, pero no la sociedad de su tiempo”. Es una crisis moral, en la que hay un mucho de hipocresía y corrupción.

p: Usted sostiene en ‘Diario interior…’, que ‘La vida del doctor Favaloro no es una vida, es más, un destino’. ¿Su vida con él, también lo fue?                                              CP: Sin duda, ‘a mí me cambió la vida’. Veintidós años juntos no es poco.

p: Una frase de Goethe que usted citó: “Dos viajeros que parten de puntos alejados, se encaminan a igual destino y se encuentran a media jornada, suelen acompañarse mejor que si hubieran comenzado juntos el viaje”. ¿Favaloro era uno de ellos y usted el otro?                                                                                           CP: Lo interesante era ser complementarios. Teníamos en parte, mundos distintos. Yo viajaba en colectivo. Procedíamos de formaciones distintas, con otro estudio, otro tiempo, otra edad. Le trataba de transmitir lo que veía en mis hijos, como un fiel registro de las nuevas generaciones.

p: Usted sostuvo que Favaloro era un arquetipo difícil de reemplazar. ¿Qué piensa sobre el Dr. Albino?                                                                                                                                         CP: Es uno de mis grandes referentes. Le cuento: hice todas las gestiones ante la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires para que se impusiera el nombre del doctor Esteban Laureano Maradona a una plaza que está sobre la avenida Córdoba al 5000. Se hizo, pero aún falta la placa, se olvidaron de ella. El país es así. Cuando dije que era un arquetipo difícil de reemplazar es porque: ¿Cuántos años, décadas cuesta que aparezca un Borges, un Lugones, un Castagnino, un Fangio, un Favaloro? En relación al doctor Albino, es un hombre ejemplar. Mi señora suele decir: “Es otro Favaloro”. Es admirable. Creo que es un soñador con los pies más sobre la tierra, con más visión. Todo creador es un soñador, pero el más práctico cierra el ciclo.

p: Resulta fácil parangonar a Albino con Favaloro porque tienen un mismo enfoque: medicina social, cuidar la salud de las criaturas, y la mirada sobre Latinoamérica, ¿verdad?                                                                                                                             CP: Ambos tienen mucho en común, como lo tenía también el doctor Maradona, en otros aspectos. Al escuchar a Albino se desprende su calidad humana.

p: Don René decía: “En el filo de la muerte no recordaremos nada material. Lo único que cuenta al final es la mujer amada, al amigo, la naturaleza…” ¿Usted era ese amigo? ¿Hablaba de usted?                                                                                                         CP: No sé. No podría decirlo.

p: ¿Al citar esa misma frase, usted podría decir que ese amigo era él?                                   CP: ‘Yo lo voy a recordar toda la vida’. Yo no tengo fechas, pero lo recuerdo indefectiblemente el 29. Será así  porque estuve en su casa cuando me avisaron de su suicidio, y a las 20 horas tuve que dar una conferencia e informar a todos los medios del mundo. Es un día imborrable en mi vida. Me llamaban de varios países. Dos meses después hice pública la renuncia a mi cargo en la institución. Sin él no deseaba continuar.

p: ¿Cuál fue el mejor proyecto que logró armar desde su función?                                           CP: Yo participé de todo el proyecto de la Fundación. Le voy a dar un ejemplo. En los países de Europa hay un Coordinador de trasplantes de pacientes. Acá éramos los únicos en la tarea. Fueron exitosos los resultados. Pero el mejor desarrollo fue una transmisión para la televisión alemana de cinco intervenciones en serie, realizadas por distintos cirujanos del Staff de la Fundación. Luego de terminada la primera, quince minutos después empezaba la siguiente y así sucesivamente. Arrojó un resultado de 3 millones de televisores encendidos en la madrugada europea. La repercusión fue increíble. Nunca hubo otra experiencia similar en todo el mundo.

p: Se percibe que René tenía al ‘deber  y  humanismo’, como rasgos salientes. ¿Usted también los tenía?                                                                                                                           CP: Favaloro tenía un proyecto de medicina para todo el país que a mí me enloquecía. Me parecía brillante, único. Ya los últimos años no se podía pensar en eso. Después del ’97 se pudieron hacer muy pocas cosas.

p: Favaloro, idealista o muy inteligente dejó una marca histórica, un mensaje, un legado, como los grandes revolucionarios de la historia. Su suicidio fue emblemático. Una denuncia. ¿Fue exitoso por lograr conformar su obra? ¿Fracasó por no poder continuar? ¿En el balance, qué parte pesa más?                                                    CP: Tuvo éxito en la cardiología mundial. Hubo un antes y un después de él. Si se contemplan los proyectos que quedaron en el camino, le faltaba concretar sus sueños. Un dato alcanza. Favaloro intentó volver tres veces al país y no tenía inserción. Era negado. Además creía que parte del pago de impuestos de las grandes empresas podía destinarse a la salud y a su obra, como era el régimen de EE.UU. Acá resultaba imposible. En nuestra cultura se puede financiar a un futbolista, no un proyecto de salud. Se equivocó. No reparó en la idiosincrasia.

p: En su libro hay una cita de Sigmund Freud: ‘La sociedad reposa sobre un crimen cometido en común’. ¿Qué o quién mató a Favaloro? ¿La envidia de parte del mundo médico? ¿La corrupción de un sector del sistema? ¿La indiferencia de un Estado ausente? ¿Un gobierno en crisis? ¿Sus detractores? ¿Todos juntos?                                                                                                                                                   CP: Todo eso junto. Y tal vez, también, un proyecto desmedido de él. No entendió el país. Él llevaba programas sanitarios a varios presidentes y siempre quedaban archivados.

p: ¿Qué es lo que más extraña de él?                                                                                                       CP: Me cambió la vida. Yo le llevaba los boletines de mis chicos. Tengo fotos con él y mis hijos. Libros regalados por él. Uno que retiró de su biblioteca y me dedicó. Es ‘La creación del mundo moral’, de Agustín García. Tanto en común. Luchábamos por las utopías.

p: Usted cuenta que Favaloro se refugiaba en la naturaleza. ¿Dónde lo hace usted? ¿En la letra?                                                                                                                                                       CP: Si, claro. Él también lo hacía en las lecturas, en nuestras charlas.

p: Resulta fácil deducir que a través de vuestras charlas, él podía reconciliar el espíritu. ¿Era así?                                                                                                                                             CP: Hablábamos de revolución, de socialismo, de lo social,  de la dignidad del hombre, de la República, de nuestros mayores, de fútbol, de mujeres. Recordábamos a Carrillo, a Oñativia, a Maradona, a Mazza. Recorríamos  las desventuras de varios de los vanguardistas. Sus utopías.

                   Ante sus respuestas, se puede inferir que esos diálogos los llevaban a intentar una existencia posible entre lo inalcanzable y lo mundano, lo sagrado de encomiables objetivos convivían con realidades profanas, mezquinas. Capaz de una mirada profunda sobre lo incompleto de los ambientes prosaicos, Penelas observaba el mundo de intereses que se suele resistir a las grandes metas del espíritu. Era interlocutor del ‘Quijote’, su intérprete, su exégeta. Asistir a René a dializar las impurezas propias de un economicismo que se abre paso a codazos, con el que se topaba, era entender su meta: evangelizar en pos de una medicina social. Las catarsis, las charlas reconciliaban el espíritu y devolvían el sentido a luchar contra la adversidad. Su colaboración sólo se medía en compromiso, en fidelidad.

p: ¿Qué es lo más difícil de aceptar, su muerte o su paso a la inmortalidad?                         CP: Ambas van de la mano. Hay un proyecto de país que soñó que no existe. Dejó obras inconclusas. En el último tiempo le decía: “El proyecto se está terminando”. Prefería hablarle con crudeza y no engañarlo.

p: ¿No le resultaba difícil luchar con el ‘Quijote’?                                                                               CP: Claro que era difícil. A veces golpeaba la mesa. Se enfurecía.

p: Favaloro cerró una conferencia sobre Artigas, en Uruguay, con una letra de Zitarrosa: Quisiera decir que tengo alegría en lo que doy, pero con mi canto voy más triste de lo que vengo’. ¿Qué piensa de eso?                                                                 CP: Escuchábamos juntos a Zitarrosa, nos gustaba a ambos. Lo admirábamos. Extraño nuestras charlas, como las que tuve con Borges, Sábato, Luis Franco, Ricardo Molinari. Cada vez converso con menos gente.

p: Usted fue muy valiente al admitir en su libro que soñaba frecuentemente con su padre y con Favaloro. ¿Lo sigue soñando?                                                                                           CP: Sí. Sobre todo, en estos días. Para estas fechas más aún.

                    Responde a la última pregunta lentamente, con contadas palabras y una mirada casi ausente. Quizás, atravesado por el recuerdo de una época maravillosa. El brillo de sus ojos lo revela. Llena la descripción de Machado en Cantares: ‘…caminante no hay camino, se hace camino al andar… golpe a golpe, verso a verso’. Un conjuro mágico permitió escuchar las confesiones del hombre, del amigo. Aquel tiempo en que el escritor eximió a la pluma,… ‘el poeta era sólo un peregrino’.                                 Recorre en silencio el laberinto de una intimidad que siempre conservará. La entrevista concede un clima de evocación que devuelve con un relato sensible, único. Refleja pasajes intimistas de un hombre de los más respetados y queridos de Argentina y del mundo, ‘emblema de humanismo y honestidad’. Acaso, el ‘Quijote’.                                                                                                                                                                             Cae la tarde. En su transcurso, permitió contar una historia de amistad entre un médico rural y un escritor.                                                                                                                         Ya próximo al descanso, acostumbrado al ambiente de hadas y druidas, sabe que es probable que lo vuelva a soñar. Tal vez, luego de una charla sobre poesía y literatura, en la que también comulguen espíritu, ideales, luchas, utopías, y compartan alegrías y desahogos, René Favaloro le repita: “Carlos, vamos, tenemos que trabajar”, y Penelas no dude en aceptar.                                                                                                       Al despertar, sonreirá por la ensoñación. Pluma en mano, volverá el poeta a sublimar, con ‘las mismas letras que un día dieron refugio al gigante y fuerzas para luchar’.–       

                                                                                Guillermo Daniel Balbi / Periodista

* Nota de autor: Agradezco al señor Carlos Penelas la gentileza de haber aceptado esta entrevista y la cordialidad y generosidad expuestas en la colaboración de su desarrollo. GDB.- 

Entrevista al Dr Mariano Favaloro: “El proyecto de René era como el paraíso prometido”

‘Entrevista al Dr Mariano Favaloro’                                                                                                29 de julio: se conmemoran quince años de la muerte del Dr René Favaloro 

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Dr Mariano Favaloro

    Un viejo y gigantesco ombú enclavado en Plaza Lórea dibuja sombras sobre el pavimento que invitan a la imaginación a descubrir figuras. Algunos rayos de sol alcanzan los ventanales de la confitería que está en la esquina. Pasado el mediodía, con sólo pocos clientes que extendieron la sobremesa, el salón logra recuperar tranquilidad y el escaso murmullo   permite escuchar música de fondo, que da calidez a la entrevista.

    Entra, se acerca a la mesa. Mariano Favaloro es alto, con cierto parecido físico a René, similar peinado hacia atrás pero de cabellera y bigote blancos, y también se diferencia en el uso permanente de lentes. Con mirada frontal y sonrisa franca saluda, pide un americano, y con la vista recorre el lugar, brevemente, al tiempo que se termina de acomodar. Con trato caballeresco y humildad se predispone a responder.

p: Cuénteme, por favor, ¿Cuál era su parentesco con René  y cómo era la relación familiar?                                                                                                                                                                 MF: Éramos primos. Juan Bautista, padre de René, era el más grande de varios hermanos y Arturo Cándido, mi padre, el más chico. Entre todos decidieron ayudar a que mi papá pudiera acceder a un título universitario.

p: ¿Qué lo llevó a ser médico? ¿Su padre, su primo René, o ambos?                                         MF: Creo que tuve una importante influencia de mi padre que era cirujano del Hospital Rawson, y trabajaba en los consultorios de la Estación Remedios de Escalada, del Ferrocarril Roca, además de atender el propio. Con René nos veíamos muy poco porque él ya estaba en Jacinto Aráuz, La Pampa, durante mi infancia y luego viajó a EE.UU. Cuando regresó a Argentina, en el ‘71 yo era médico y estaba realizando, por consejo de él, mi residencia de Cirujano General en el Hospital Alvear. Me llevaba veintitrés años.

p: ¿Qué semejanzas hubo entre su padre, René y usted?                                                               MF: La medicina, la actitud frente a la función pública y ‘los bichos raros de la honestidad’-sonríe-  Cuando yo era chico mi padre fue interventor en una municipalidad. Duró poco, apenas cuatro meses. Ni bien le propusieron algunos negociados renunció y se fue. A mi me pasó algo similar cuando trabajé en el Pami como auditor de prótesis cardiovasculares de alta complejidad. Después de rechazar pedidos improcedentes, que además eran mayores en un tiempo preelectoral, un buen día no recibí más mi salario por dos meses. Y luego de cuatro años, sin que nadie me avisara nada, entendí que me habían despedido. Lo que le pasó a René es público. Cuando él se enojaba, yo le decía: ‘Vos estás fuera del sistema. No te ensucias, no hay plata’.

p: Usted procedió igual que sus familiares…                                                                                      MF: Si, claro. No vendí mi libertad. No la negocio. Yo me voy con la frente alta, tranquilo y mirando a todos a los ojos. No agacho la cabeza. ‘Tal vez tenga  principios muy estúpidos para estos días’. Pero suelo decir que prefiero morirme de hambre antes que caer en falta. No me gustan las deudas sociales. ¿Será un principio raro? Puede ser, pero son mis principios.

p: Un rasgo distinto en René parecieran ser sus partidas.                                                           MF: Yo siempre digo que empezó cuatro veces, con nuevos proyectos. Cuando se fue a La Pampa se hizo de la nada. Luego al viajar a EE.UU comenzó como un ‘camillero de lujo’ y llegó al bypass. Más tarde al regresar al país fue al ex Sanatorio Guemes, y finalmente con la Fundación Favaloro. Inició el proyecto remando y remando y remando. Empezó esa última etapa con la apertura de la institución a sus 69 años. Hay que tener ganas y mucha fuerza vital, no? Hubo en su momento una falsa versión periodística que sostenía que operó sólo hasta esa edad. Ahí recién comenzaba su última etapa, y realizó intervenciones hasta el día anterior a su muerte, y tenía 77 años.

p: ¿Cuándo tuvo un trato más fluido con René, y cuándo formó parte de su equipo de trabajo?                                                                                                                                                          MF: Hacia fines de los ’60 venía de visita al menos una vez al año. Recuerdo que en el ’66 viajó al país para hacer las primeras cirugías cardíacas de revascularización coronaria en el Hospital Italiano, y era una ‘súper figura’ para nosotros. No había antecedentes de intervenciones así. Fue un pionero en la estandarización de la técnica. Yo estaba en el segundo ciclo de medicina, próximo a quinto año. Había muerto mi padre y me empezó a ayudar económicamente, posibilitó mis estudios. Significó mucho y me aconsejó que hiciera la residencia médica. Era muy generoso con todos. Más aún con su familia. Comencé en el ex Guemes como Residente, luego jefe de Residentes y finalmente formé parte del Staff. Me cuidaba mucho de hacer las cosas bien.

p: ¿Cómo era operar con él?  Debe haber sido muy fuerte.                                                         MF: Quizás, por estar siempre juntos, yo no dimensionaba el valor real. Tal vez porque él era muy humilde. Se hacía sentir si alguien procedía mal. Se enojaba mucho si eso pasaba. Fuera de eso, era afable con todos.

p: ¿Sabe que algunos de sus colegas creen que usted fue uno de los mejores colaboradores de René?                                                                                                                                MF: Nunca nadie me lo dijo. Me entero por usted. Sé que me esforcé. Además digo siempre, lo que da  valor a las palabras son los hechos y sus resultados.

p: Sus compañeros dicen: “Nadie implantaba marcapasos como Mariano”. “Era quien más sabía de desfibriladores”. “La base de datos de toda aparatología quirúrgica era él”. “Nos enseñaba a todos”.                                                                                        MF: Eso si puede ser. Siempre me gustó la parte eléctrica. Yo conservo aún los registros completos. Las garantías de todos los implantes de marcapasos y parches operatorios de todos los pacientes que intervine. Tengo un placar lleno!!!  A esta altura, mi señora mi quiere tirar todo.

p: Dicen que usted y René se complementaban muy bien. ¿Era doblemente exigido por ser un familiar, para René un colega más y para los otros un Favaloro?                         MF: Puede ser. Teníamos una excelente relación, profesional y personal. Yo no le pedía nada. Siempre dije que no quería tener ningún privilegio, y no los tuve. Me pedía que lo llevara a dar conferencias los fines de semana. Eran charlas para todo público el viernes por la noche. Y sábados y domingos para médicos. Disfrutábamos de esos viajes al interior.

p: ¿Alguna salida recreativa, de pesca, o a cenar?                                                                            MF: No, porque siempre estaba ocupado. No disfrutó de la vida. Además, como era una figura tan pública no podíamos ni pensar en salir a comer. Se hacía imposible. Nunca hubiera querido tener su popularidad. Si entrábamos a un lugar se paraban a saludarlo y tal vez nos quedábamos sin cenar. Era muy querido por la gente. Las únicas oportunidades en que podíamos almorzar tranquilos eran en una parrilla de algún paraje ignoto de ruta, y ahí sí disfrutar hasta de las charlas.

p: ¿Qué defecto tenía René?                                                                                                                       MF: Ser estricto en exceso. Pensaba siempre en progresar y no concientizaba el esfuerzo. Reparaba en los errores para corregirlos. Pero no se daba cuenta de festejar los logros. No podía parar. No se daba tiempo. Además, siempre había alguna urgencia. Era un servicio que atendía los 365 días, las 24 horas, y eso lo obligaba a ser así.

p: ¿La mejor virtud?                                                                                                                                         MF: Su humildad, su honestidad, su generosidad. Como médico compartía y enseñaba todo. No se guardaba nada. Era feliz así. No tenía secretos. Hacía docencia. Quería ser recordado como un docente.

p: Usted también tiene su humildad…                                                                                                    MF: Puede ser. Me parece que el valor está en hacer las cosas, y compartir los conocimientos sin límites. No esconder nada. Soy partidario del respeto, y de las reglas de educación. Pero me costaría pertenecer a la diplomacia. Soy sencillo.

p: ¿La sabiduría está en los humildes?                                                                                                    MF: Puede ser. Cuando uno más sabe se da cuenta de que le falta saber mucho más.

p: René tenía un círculo muy íntimo. Descansaba, se refugiaba en las charlas con algunos de sus colegas los doctores Boullón, y Racki. Más aún con su amigo Penelas, con quien podía mirar la vida desde la poesía y la literatura. Y con usted compartía viajes con diálogos llenos, humanos, terrenales, ¿verdad?                                       MF: Al finalizar una conferencia, la gente se mataba por tocarlo, por saludarlo. Algunos lo creían milagroso, lo endiosaban. Le besaban las manos, sobre todo las señoras mayores. Él se sentía muy mal con eso. Lo habían convertido en un ser sobrenatural. Lo angustiaba. Yo lo ayudaba a procesarlo. En parte hay una explicación psicológica. El corazón está asociado a la vida, más allá de que el cerebro maneje todo. Tocarlo para mucha gente era como tocar el poder de dar vida. Y también intervenía el pensamiento mágico. Besar sus manos significaba sobrevivir, transcender. Se vinculaba con una ilusión sobrenatural. A él le costaba entenderlo. Yo se lo traducía. Lo ayudaba a salir del mito, a volver a humanizarse frente al aturdimiento de una visión mística.

p: ¿Él le pedía opiniones a usted?                                                                                                             MF: Si. Muchas veces. Cuando algún gobierno le ofrecía un cargo él me pedía opinión. Yo le contestaba. ‘Vas a dejar de ser un médico honorable, con prestigio, para pasar a convertirte en un mal político’. Me escuchaba. Me gusta ver el simplismo de la existencia.

p: ¿Era realizable el proyecto de la Fundación Favaloro?                                                               MF: El proyecto de René era una idealización. ‘En este país, con las condiciones que todos conocemos, formar una institución de esas características fundacionales, era como el paraíso prometido’. La realidad argentina le demostró que no se podía. Era como extrapolar el funcionamiento de la Cleveland Clinic de EE.UU, que cuenta con el financiamiento necesario para su desarrollo, y trasladarla a nuestro país. Una institución de similares características, pero sin asegurar los recursos para su continuidad. Tal vez pensó que con la figura de él alcanzaba y se equivocó. También eso fue parte de un pensamiento mágico. Quizás en ese momento se pensaba que esa técnica podía usarse para siempre. Pero la ciencia evoluciona, descubre nuevos métodos, y a la Fundación se le iba a presentar un problema práctico: la evolución acelerada de diversos cambios. Se podía auto financiar parte del desarrollo, no su totalidad. Y además, en lo social, para atender indigentes alguien tiene que pagar los costos. Se equivocó. Se le escapó lo financiero de la obra. En eso René no vio los nuevos paradigmas para el futuro.

p: ¿Cambió algo en lo científico en estos años, a partir de la actual gestión del CONICET?                                                                                                                                                          MF: Si y no. Si, en que la gente sabe que la ciencia es importante. Y no, porque se sobrevaloran los resultados. Se cree que la ciencia lo arregla y lo cura todo, y no es así. La medicina en gran medida no cura las enfermedades, las trata para prolongar la vida. El cuerpo envejece, y eso es inexorable.

p: ¿El país ha apoyado a los científicos vanguardistas, para ser protagonistas de su tiempo?                                                                                                                                                                 MF: La sociedad de EE.UU está organizada de otra manera. La ciencia avanza porque el científico está apoyado de diversas formas. A veces la ciencia evoluciona más rápido que la capacidad de adaptación de la sociedad, y la ética y la ciencia no quedan del mismo lado, pero funciona así. La ciencia progresa con más velocidad que las leyes sociales.

p: ¿Se hace medicina preventiva?                                                                                                               MF: No se está haciendo buena prevención en Salud. El mundo está desfasado. Vamos detrás al tratar la enfermedad, y se debe prevenir imperativamente para evitar que la gente se enferme. Tenemos cada vez más obesos, hipertensos, más diabéticos, en vez de modificar los hábitos alimenticios y promover la actividad física a toda edad. Demasiado sedentarismo. Una interacción mayor a través de la computadora, no con el trato personal. No se camina lo suficiente. Tomarlo en serio es convertirlo en ‘políticas de Estado’, que trasciendan la duración de un gobierno y continúen. Se hacen estudios diagnósticos innecesarios, para que el médico se resguarde frente a un posible juicio de mala praxis, y eso significa un enorme gasto de recursos que podrían volcarse en prevención. También hace falta más humanismo. Volver a la relación médico paciente. El profesional que conoce la historia clínica de cada uno y tiene un trato personal.

p: René fue uno de los pioneros de la medicina social. ¿Qué piensa del Dr. Abel Albino?                                                                                                                                                                  MF: Me parece una maravilla. Hace aquello que se debe hacer. Empieza por donde se debe empezar: el embarazo, y en especial los dos primeros años de vida de las criaturas. Tenemos una materia prima humana que cuidar. Es parecido a René, en el humanismo.

p: ¿Qué opina de MSF – Médicos Sin Fronteras?                                                                                 MF: Me parece que hacen un trabajo encomiable. Su labor se conoce menos porque van a distintos lugares.

p: ¿Si hoy comenzara nuevamente el proyecto de la Fundación, volvería a acompañar a René?                                                                                                                                           MF: Por supuesto. Aunque si supiera el resultado final, trataría de cambiarlo. Ya tengo la experiencia previa. Iría con una herramienta muy importante. Dejé la Fundación cuando falleció René. Sentí que ya no era mi lugar. Cambiaron los paradigmas humanos fundacionales.

p: Usted tiene la misma mirada social que René, como una unidad indivisible en la forma de observar a la medicina, al hombre, al mundo. Fueron formados con similares principios y un marcado humanismo. Pareciera que René sigue vivo en usted…                                                                                                                                                                      MF: Puede ser…

                   Al escuchar el relato de sus diálogos con René es inevitable recordar los de una vieja película: ‘Desde el jardín’, historia en que con sabiduría un jardinero asesoraba y desbarataba las encrucijadas de un presidente.

                   Mariano, consejero confiable, compartía con la figura pública sus angustias, alegrías, robustecía su mirada terrenal, desmitificaba al prócer y le devolvía humanidad para que pudiera evaluar las grandes decisiones.

                   Aferrado a una secreta sabiduría, cree tener una ventaja: “puedo volver a casa en subte”, comenta.

                   Con las últimas luces del día, se despide. Acaso su humildad, un ‘inapreciable don’, lo premie. Su figura se pierde entre la gente y, en medio de la multitud, ‘valora ser Favaloro, un cirujano, un ciudadano más’.-

                                                                                          Guillermo Daniel Balbi  / Periodista

* Nota de autor: Agradezco al doctor Mariano Favaloro la gentileza de haber aceptado esta entrevista y la cordialidad y generosidad expuestas en la colaboración de su desarrollo. GDB.- 

Entrevista al arquitecto Mario Roberto Álvarez

‘Entrevista al arquitecto Mario Roberto Álvarez’                                                                    Tema: ‘La vivienda’

Noviembre de 2009                                                                                                                               – Material en crudo sin editar / Making of / –

* Nota de autor: Agradezco al arquitecto Mario Roberto Álvarez la gentileza de haber aceptado esta entrevista y la cordialidad y generosidad expuestas en la colaboración de su desarrollo. GDB.- 

Historias de vida: Entrevista al Dr. Jorge Belisario Lascano

Historias de vida:                                                                                                                                                            ‘Entrevista al Dr Jorge Belisario Lascano’  

*Profesor de ‘Legislación de Prensa’, durante 33 años, en el Instituto Grafotécnico,       primera escuela de Periodismo de la República Argentina.

Noviembre de 2008                                                                                                                               – Material en crudo sin editar / Making of / –

Dr. Jorge Belisario Lascano

 *Nota de autor: Agradezco al doctor Jorge Belisario Lascano la gentileza de haber aceptado esta entrevista y la cordialidad y generosidad expuestas en la colaboración de su desarrollo. GDB.-